
El confirmante le ha cortado una oreja al sexto de la tarde, un ejemplar soso y flojo, con el que ha instrumentado una labor más basada en la entrega y en el tesón que en el toreo pulcro. Aunque ha dejado muletazos importantes por ambos pitones, dándole tiempo y sitio al animal, la faena ha adolecido de la continuidad necesaria para llegar al nivel de oreja. Una buena estocada y una afición entregada dieron paso a un trofeo que parece algo barato y que hubiera quedado mejor en vuelta al ruedo.
En el toro de su confirmación, un manso de solemnidad, peligroso y con transmisión, Joselillo no ha podido más que justificar su valentía y ganas. Dejo demasiado crudo en varas al animal, queriendo reservarlo para la faena. Se equivocó. En muleta, el de Dolores arreaba con mucha fuerza y sin clase, por lo que requería llevarle sometido, algo que el espada no ha realizado y que ha terminado por avispar a un astado que a medida que se sucedían las tandas iba dominando la situación. Al final varios sustos en forma de enganchones y la sensación de que el toro se llevaba algo dentro.
En descaro del joven torero, decir que el astado resultó demasiado complicado para alguien con tan escaso bagaje de corridas y cuando menos atenazado por la responsabilidad. La actitud del torero ha sido suficiente para la afición, que, consciente de su situación, le ha obligado a saludar una cariñosa ovación. Hubiera sido interesante verle con las mismas ganas un día de menor tensión.
Fernando Robleño se ha enfrentado a un lote muy complicado. Dos toros mansos y huidizos sin embestida clara con los que el madrileño no ha terminado de acoplarse. Desconfiado toda la tarde, su labor apenas ha trascendido más que unas leves palmas tras pasaportar a su primero. Mal resultado para quien se juega en Madrid gran parte de su temporada.
El mismo bagaje ha obtenido Sergio Aguilar, quien no ha estado a la altura de una tarde como la suya. Mal colocado en su primero, no se adaptó a su oponente, que si bien resultó muy deslucido, permitía algo más de lo hecho. Aunque ha estado más valiente y centrado con el que hacía quinto, su faena ha vuelto a pecar de embarullada y desordenada. Madrid requiere un esfuerzo mayor que cierta valentía y más si, al igual que Robleño, te juegas la temporada.
Seis toros de Dolores Aguirre, muy serios de presentación, mansos en conjunto, descastados y huidizos. 1º, poderoso, con peligro y transmisión. 2º, huidizo. 3º, bronco y desclasado. 4º parado. 5º deslucido. 6º flojo y complicado. Todos pitados menos el tercero, injustamente aplaudidos.
Fernando Robleño, palmas y silencio.
Sergio Aguilar, silencio tras aviso y silencio.
Joselillo, que confirmaba la alternativa, ovación con saludos y oreja.