Jueves 15 de Mayo. 8ª de San Isidro. Lleno de No Hay Billetes. Sin medias tintas, decidido a triunfar. Así ha venido El Cid hoy. Lo necesitaba después de una mala tarde el 2 de Mayo. Y se resarció, dejando la que puede ser la faena de la feria. Soberbias tandas por el pitón izquierdo, sin probaturas previas. Cuatro tandas de calidad indescriptible. Naturales escultóricos, muy largos, muy hondos, arrastrados por la arena. Siempre puesta la muleta en el hocico del toro. Puro arte. Arrebatado y entregado, Manuel Jesús ha reventado una plaza que hervía tras cada muletazo. Hasta San Isidro, desde su puesto de anfitrión, pedía que se parasen los fastos para poder ver al sevillano.
Sumido en la lírica de su obra, continuó por el derecho. Una tanda desmayada, rota, y no más porque el cornúpeta no tenía ya mayor fondo. Posiblemente haya sido la mejor faena del de Salteras en Madrid, y eso es decir mucho. Pero entonces -¡otra vez no!- la espada, la de siempre, la que le ha quitado tanto y le ha dado tan poco. Dos pinchazos como dos notas desafinadas para afear una composición genial. Mas con todo, ahí queda eso.
Antes, con su primero, se ha jugado el tipo y ha sacado un resultado mayor de lo que se presentaba. No especialmente brillante, pero muy meritorio el trasteo. Por el derecho ha dejado algunos carteles de toros. Muy vertical la figura, el trazo desmayado, llevando al burel. Los remates, de toreo caro. Con aroma, sabor y tacto. Por el izquierdo sacó agua de un pozo seco. Mató muy bien y dio una aclamadora vuelta al ruedo tras petición casi mayoritaria.
La tarde de Juan Bautista ha sido un querer y no poder. Su labor no ha alcanzado apenas relevancia por uno u otro factor. Con el primero debido a la flojeza de un Pilar derrumbado de salida con el que no ha podido más que dejar destellos. Y con el segundo, por la frialdad de un público más pendiente de lo que vendría después que del francés. Aún con todo, tirando de temple y de oficio, Bautista ha conseguido extraer del animal alguna embestida franca en forma de bonitos derechazos, aunque más para sí mismo que para la afición.
Lo de Talavante empieza a ser preocupante. Esta temporada aún no ha levantado cabeza y eso, después de sus éxitos del pasado año, es más peligroso. Está en la zona de riesgo, la del hastío de un público cansado de su actitud en el ruedo. Ausente toda la tarde, ha firmado dos trasteos sin ningún compromiso ni belleza. Siempre con la muleta retrasada y sin coger el ritmo a dos toros con mil pegas, pero con la suficiente nobleza para hacerles faena. Mal camino el que está tomando. Tiene en su mano darle la vuelta a la situación, pero parece no saberlo.
Toros de El Pilar, bien presentados. 1º noble aunque flojo. 2º encastado. 3º, manejable, sin clase. 4º, noble aunque a menos. 5º, bravo, noble y con gran duración, premiado con una gran ovación en el arrastre. 6º, noble.
Juan Bautista, silencio en ambos. El Cid, vuelta al ruedo tras petición y ovación con saludos tras aviso. Alejandro Talavante, silencio y silencio.
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